LA MODERNIDAD Y LOS CRIOLLOS
La simulación del desarrollo
La frustración de las expectativas
El acriollamiento del inmigrante
Los factores positivos
Las dudas sobre la decisión

"... el moderno capitalismo racional necesita tanto de los medios técnicos del cálculo del trabajo, como de un derecho previsible y una administración guiada por reglas formales; sin esto, es posible el capitalismo aventurero, comercial y especulador, y toda suerte de capitalismo político, pero es imposible la industria racional privada con capital fijo y riesgo seguro. Pues bien, sólo el Occidente ha puesto a disposición de la vida económica un derecho y una administración dotados de esta perfección formal técnico-jurídica. "
(Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Barcelona, Editorial Península, 1969, p. 15)


     La interrupción o desaparición de los factores fortuitos que simularon el desarrollo y los vacíos que ello deja en la economía de los grupos humanos resultan traumáticos. Dirigentes y dirigidos se cuestionan desconcertados el por qué de la disminución de su riqueza, de su poderío y de su prestigio internacional. Con frecuencia los cambios son proteicos y difíciles de explicar. Ha sido señalado (Sebreli, S-33) el despecho secular que embarga a árabes, chinos, persas, hindúes y otros pueblos de pretérita grandeza, al verse superados y dominados por los occidentales, relativamente parvenus en la civilización. Los franceses atesoran en su pasado usable el recuerdo de las águilas napoleónicas planeando sobre Europa y los anglos el fenecido Britannia rules the waves. El conocido fenómeno de las ciudades fantasma (ghost towns), que quedaron abandonadas al agotarse el filón minero que las hizo resplandecer fugazmente, puede aplicarse a países enteros. Una banal guerra comercial o la aparición de competidores que derrumban los precios en los mercados internacionales pueden dejar desfinanciadas a las nutridas burocracias, impedir saldar las obligaciones optimistamente contraídas, paralizar las ventas, aumentar el desempleo y el déficit fiscal. Arturo Uslar Pietri viene denunciando sistemáticamente la imprevisión y el despilfarro en la era de la abundancia en Venezuela, aun cuando las reservas petroleras sigan garantizando un ingreso suculento por muchos años. Un caso aúri más extremo de imprevisión y derrumbe es el registrado en Nigeria, el eclipsarse el auge del petróleo.
     En el caso de los países agroexportadores es evidente que las oscilaciones marcadas hacia arriba y hacia abajo del food power(1) en los mercados internacionales, primero por las interrupciones del comercio y los fletes durante las guerras y depresiones mundiales y después, por el auge de la y la protección en los países ricos, han sido responsables importanteagricultura a presión resultante de la revolución verde y la protección en los paìses ricos, han sodo responsables importantes, tanto del medio siglo de esplendor del Centenario, como de la posterior declinación en la actividad económica y de la desaparición de muchos de los estímulos para la acumulación, que habían existido, en países fuertemente dedicados a la agricultura de exportación. En la Argentina y el Uruguay puede llegar a hablarse de un período de decadencia, durante el cual el crecimiento del capital social ha quedado vulnerado por las pérdidas derivadas de la declinación del modelo internacional vigente. En las llanuras rioplatenses la caída de la coyuntura agroexportadora desde la Primera Guerra Mundial y la Depresión de 1929-32, con el retorno al proteccionismo comercial mundial, se sentiría mucho más fuertemente que en los Estados Unidos, el Canadá, Australia, Nueva Zelandia y África del Sur, por varios factores:

  1. El balance de pagos exteriores entre exportaciones agropecuarias e importaciones industriales había sido más conveniente y ocupaba porcentajes más altos del PBI.

  2. La minería, la pesca, las industrias y los servicios tenían un porte relativamente menor. Habían estado orientados a abastecer sólo el pequeño mercado interior en lo que dejaba libre la competencia con las importaciones y no tuvieron alicientes para ganar terreno cuanti y cualitativamente en los mercados mundiales. Aun cuando a partir de 1940 fueron fuertemente subsidiados por espacio de medio siglo, continuaron circunscribiéndose a abastecer el mercado interno, ahora protegido por las políticas de autarquía e industrialización forzada.

  3. La vinculación comercial de los países del Plata se había mantenido con los importadores que pagaron los menores precios por los productos agropecuarios. Solamente en breves períodos de la Guerra de Corea y del embargo a la URSS, al que la Argentina no adhirió, los embarques de cereales, oleaginosas, carnes, lana y otros productos obtuvieron cotizaciones altas. Para las carnes, el encierro en el circuito aftósico, debido primordialmente a desidia propia, resultó sumamente perjudicial. Los ganaderos mexicanos, nicaragüenses y neocelandeses sufrieron mucho menos por traficar dentro del circuito libre de aftosa que conservó precios más altos en los EE.UU, Japón, etc.

  4. Algunas actitudes y decisiones políticas y diplomáticas descomedidas, que significaron el enfriamiento con los mejores socios potenciales y reales.

  5. La aplicación general de políticas internas estatista-populistas que conspiraron contra los conceptos de eficacia, eficiencia y excelencia, dificultaron el control de gestión en la producción y encontraron salida en una inflación monetaria corrosiva, burocratización exagerada, diversos parasitismos y pérdida de competitividad.

  6. Al desaparecer las expectativas optimistas del sueño americano se favorecieron las quisquillosidades políticas; la frustración de las clases medias terminaría en terrorismos doctrinarios que provocaron represiones durísimas y nuevas interrupciones del libre juego de las instituciones democráticas con descuido de la gimnasia republicana, capital social muy importante, trabajosamente acumulado durante las décadas del esplendor.

     Si es cierto que la vocación económica natural de estos países les había brindado un medio siglo de auge que los colocó a la cabeza del grupo de las culturas criollas, también es cierto que buena parte del período regresivo posterior no debe atribuirse exclusivamente a vicios intrínsecos de las personalidades e identidades psico-sociales de los pueblos, sino al cambio del ambiente en forma desfavorable para esa misma vocación, lo que origina la necesidad de reordenarla de acuerdo con una nueva realidad del mundo en veloz cambio. En los hechos, el clima económico, social y político ha pasado de un período que era un caldo de cultivo generoso, en el cual proliferaban ágiles y provechosos múltiples emprendimientos, a ser una atmósfera enrarecida, en la cual las iniciativas se tornan pesadas, la rentabilidad escasa, los fracasos frecuentes. En estas condiciones prosperan los pesimismos y adquieren importancia relevante las facetas negativas que ya hemos señalado en el temperamento criollo desde los comienzos mismos de su formulación histórica. Se acentúan el egoísmo, la corrupción y el desarraigo mercenarios dispuestos a derribar cualquier obstáculo con tal de rendir culto al becerro de oro; se hacen más agudos los conflictos y pugnas de individuos y de grupos (partidos, sindicatos, cámaras empresarias, hasta en los aspectos aparentemente baladíes del comportamiento de hinchadas deportivas o barras locales(2). Resurge el culto del coraje y la vieja saña feroz que campearon en otros períodos de desorientación y desesperanza en forma de mayor violencia y delincuencia, la justicia queda relativizada, sin norte, y la comunidad sin modelos ejemplares de conducta.
     Esta situación crea una actitud de hipocondría generalizada ante la suma de inconvenientes y dificultades que se presentan a cada paso. Cunde el pesimismo escéptico, se exacerba el autoanálisis impiadoso en busca de las causas del mal que parece haberse abatido sobre la comunidad, cae a los niveles más bajos la confianza en las instituciones y en los hombres, emigran los individuos y los recursos más necesarios(3) para eludir esa aparente maldición divina. Se habla de mil maneras de mal nacional, aunque sea fácil advertir que los inconvenientes apuntados no encierran misterios, ni son absolutos, ni imposibles de remediar (Massuh, M-39).
     Esta frustración es, por supuesto, mucho más evidente entre los países, regiones y grupos que habían vivido más intensamente la simulación del desarrollo, habiendo llegado a autoconvencerse de su propio protagonismo en el proceso de enriquecimiento y en los signos de modernización general que habían acompañado a los períodos de bonanza. La Argentina, el Uruguay, Venezuela, regiones de México, del Brasil y de otras naciones son los más afectados. A la inversa, algunos países y grupos mantienen una actitud más constructiva intentando superar los viejos y nuevos problemas racionalmente, como lo están haciendo Chile y Costa Rica de fin de siglo y países como Nicaragua, Guatemala y El Salvador, que están logrando superar sus sangrientas rencillas interiores y abriendo mejores expectativas.
     La influencia circunstancial del ambiente creado por las posibilidades económicas tiene rasgos locales marcados debido a la dotación de recursos de cada lugar y al genio demostrado por cada grupo humano para ubicarse en la situación. La verdadera esencia del criollo mantiene sin mella los caracteres negativos cuya génesis y desarrollo histórico se han analizado. Sin embargo, los mismos éxitos señalables en algunos grupos y los numerosos y señalados triunfos logrados por individuos criollos que emigran en busca de un clima social más propicio, indican que el tipo humano latinoamericano tiene posibilidades.
     Es evidente que el empeoramiento de las circunstancias exteriores complica y dificulta la evolución de países como los de América Latina que irremediablemente dependen en forma sustancial de su comercio internacional. Y no se tome esto como una crítica a la dependencia, ni un elogio a las autarquías, puesto que los países que en el mundo han crecido más rápido e integralmente en los últimos tiempos, lo han hecho aprovechando cabalmente su competitividad en los mercados mundiales.      Ello planteó desafíos adicionales para líderes y liderados en busca de restaurar la confianza, ahuyentar los fantasmas y retomar el avance sobre bases firmes.

Notas al pie

(1) Recibieron esta denominación los períodos de precios del comercio internacional que dieron gran capacidad negociadora a los países con grandes excedentes exportables de alimentos.

(2) Es frecuente que los partidarios de un equipo deportivo celebren alborozados la derrota de un contrincante en la liga local, frente a un adversario en el extranjero.

(3) Períodos de desencanto en el Uruguay seguidas de oleadas de emigración harían tristemente célebre el dicho "el último que salga apague la luz".